Historia de la Fundación de la Provincia de Quebec

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«¡ Un día mis hijas cruzarán los mares »! Profetizó María Rivier. Su sueño se hará realidad cinco años después de su muerte, a petición de Monseñor Prince, obispo de la diócesis de Saint-Hyacinthe.  En efecto, el 21 de septiembre de 1853, la hermana Saint-Maurice y 5 compañeras salen de Bourg-Saint-Andéol para unirse a su nueva misión Sainte-Marie-de-Monoir (Marieville) en Quebec. Después de una larga y tumultuosa travesía, llegan a su destino el 19 de octubre. Descubren su casa que consta de 2 clases y algunas salas para la comunidad. Nada está terminado; las puertas y las ventanas dejan paso libre al viento y al frío y el mobiliario es de extrema pobreza. No importa, el fervor y la generosidad de las hermanas irradian y atraen rápidamente a los jóvenes y a sus padres y, en enero de 1854, se llenan las dos clases. Mientras tanto, el 21 de noviembre de 1853, las religiosas acogen a las dos primeras postulantes quebequesas.

 

 

 

 

Pronto la casa llega a ser demasiado pequeña y la comunidad se extiende a Saint-Hugues y luego a Saint-Hyacinthe, en 1858, donde se establecerá definitivamente el noviciado. En 1861, 8 años después de su llegada, la familia canadiense de la Presentación de María cuenta con 32 profesas, 10 novicias, 6 postulantes y 12 novicias y postulantes en espera. En cuanto a las fundaciones, 5 internados vibran de vida y de actividades. Jesucristo es anunciado según el carisma de María Rivier.

 

 

 

l árbol de la Presentación de María implantado en Canadá no cesa de crecer; numerosas vocaciones permiten responder a las múltiples peticiones de los párrocos que desean tener religiosas para asegurar a las jóvenes la formación cristiana y la enseñanza. Se asiste a varias aperturas de internados hacia el sur de la provincia de Quebec: Henryville (1862), Saint-Alexandre (1866), Coaticook (1870), luego hacia los Estados Unidos, entre otros, Island Pond, Vermont (1886). En 1876, las hermanas que se instalan en el convento completamente nuevo, que se convertirá en la Casa Madre y será destruida por el fuego en 1992.

En 1903, después de las expulsiones de las comunidades religiosas en Francia, Quebec recibe a varias de nuestras hermanas francesas, lo que permite realizar 8 fundaciones en 1903 y 4 en 1904, tanto en el Oeste canadiense (Duck Lake) como en los Estados Unidos. En 1910, la Presentación de María de América cuenta con 515 hermanas y 45 casas.

En 1938 se formaron dos conjuntos: Canadá con 1.154 hermanas y Estados Unidos con 652 hermanas. Es el comienzo de la división en provincias; todo se oficializará en 1948 donde se encuentran 4 provincias en Canadá: Saint-Hyacinthe, Montreal, Sherbrooke y Prince Albert (Saskatchewan), y 2 provincias en los Estados Unidos: Manchester y Methuen.

Durante este tiempo, la expansión de las fundaciones continúa. En 1946 se abre una primera casa en Saint-Joachim-de-Turre, en Gaspésie (Quebec). Una decena más seguirán en la península gaspesiana.

En los años siguientes, la provincia de Saint-Hyacinthe abrió una escuela en Abeno, Japón (1948), Sherbrooke fundó una misión en Comas, Perú (1963) y Montreal respondió a una petición de Atta en Camerún (1989).

En 1966, en la cumbre de expansión en América, hay 1.126 hermanas en Quebec, en 83 casas. Pero, después de varias décadas de continuo crecimiento, la segunda mitad del siglo XX se caracteriza por una disminución sensible del número de vocaciones en los países occidentales, entre ellos Québec forma parte. A esta situación se añade la secularización de varias hermanas.

Esta disminución bastante rápida, así como el envejecimiento de las religiosas, llevan a los superiores a interrogarse sobre la reagrupación de las provincias de Quebec. Esta unificación se realizará el 21 de noviembre de 2005. Así se creará la provincia de las hermanas de la Presentación de María de Quebec que cuenta entonces con 325 hermanas, de las cuales 309 en Quebec, 16 en misión, y 30 comunidades locales.

 

Maison mère actuelle

 

 

 

 

 

 

 

Al 1 de enero de 2021, la provincia cuenta con 136 hermanas que, según sus fuerzas y a pesar de los límites que nos impone la enfermedad, la COVID19 en particular, están implicadas en su tarea  educadora en el sentido amplio del término.

Descripción de la vida actual

« O dar a conocer y hacer amar a Jesucristo o morir ». Un grito del corazón de María Rivier que no se contentaba con llevarlo a medias. Tenía las exigencias de los santos y sabía transmitirlas a sus hermanas.

Esta herencia de nuestros orígenes marca nuestra misión de educadoras. A nuestra llegada a Santa María de Monnoir, nos esperaba una escuela y, a lo largo de los años, hemos seguido dando a conocer y haciendo amar a Jesucristo a los jóvenes a quienes enseñábamos. Pero con el envejecimiento de las hermanas y la escasez de vocaciones, nuestro compromiso con los jóvenes se transforma.

 En 2004, con ocasión del congreso internacional de las escuelas de la Presentación de María en España, creamos el Comité de Educación. Siguiendo una invitación del Consejo general, este Comité trabajó en la elaboración de una definición común de la misión educativa de los colegios de la Presentación de María en todo el mundo. También garantiza la transmisión de la herencia de María Rivier en nuestros colegios  de Quebec: los Colegios Rivier(Coaticook), Reine-Marie(Montreal) y Saint-Maurice(Saint-Hyacinthe). Así, en 2005, 2010, 2013 y 2016, se reúne a los educadores de estos Colegios para revisar los valores de María Rivier y encontrar cómo hacerlos vivir a los jóvenes de hoy. En 2010, el encuentro reviste un carácter especial para acoger de manos de la madre Ángela Dion, superiora general, la declaración común de la misión educativa de la Presentación de María. 

 

 

Si bien el Comité de Educación ha trabajado sobre todo con el personal de los colegios, el Comité María-Rivier, creado en 2015, se reúne cada año con los alumnos de 1º de secundaria de los 3 colegios presentes en Quebec para darles a conocer a María Rivier. Y desde 2019, los alumnos de 5º de secundaria revisan, en su recorrido escolar, los valores inspirados por María  Rivier.

Las visitas de amistad organizadas entre las hermanas de la Casa madre y los alumnos del Colegio Saint-Maurice aportan un soplo de aire fresco a los jóvenes y a sus «madrinas». En 2019, 125 alumnos frecuentaban 26 hermanas; ¡la juventud y la sabiduría hacen buena pareja!!

Algunas hermanas también están implicadas en la pastoral parroquial, donde animan a grupos de adultos a redescubrir su fe. Algunas preparan a los jóvenes para la primera recepción de los sacramentos del perdón, de la eucaristía y de la confirmación. Otras acompañan a los adultos en el aprendizaje de los Ejercicios espirituales de san Ignacio o en los caminos psicológicos o espirituales. No se puede pasar por alto el trabajo de las hermanas y de los laicos que animan a los grupos de asociados y de laicos consagrados.

Desde 2004, la Casa de la Palabra, situada en la Casa Madre, ofrece conferencias o talleres abiertos a todos los interesados en la Palabra de Dios, independientemente de sus creencias o de su formación general. Hasta ahora, ha habido más de 250 encuentros por la tarde y una decena de retiros. Los animadores y animadoras tienen todos una formación bíblica.

 

María Rivier amaba especialmente a los pobres y a los pequeños; sus hijas se encuentran con esas personas, a menudo ignoradas por la sociedad. Las ciudades de Granby y Saint-Hyacinthe han abierto locales donde se reúnen las personas solas, las que viven un duelo, las personas sin hogar, para tomar un café juntos, para una partida de cartas, o incluso para encontrar una presencia o un oído «atento» (Centro San José). Algunas de nuestras hermanas están involucradas en este acompañamiento. Otras visitan a las personas mayores en las residencias, o a los inmigrantes en la Casa de la familia; algunas se involucran en grupos de enseñanza del francés o incluso en Urgencia-Vida, organismo que ofrece ropa a los niños de familias monoparentales o inmigrantes recientes.

Los compromisos de las religiosas son múltiples y responden a las necesidades actuales de la sociedad; sin embargo, cualquiera que sea el tipo de nuestros compromisos, el objetivo principal sigue siendo siempre el mismo: «Mostrar y enseñar a Jesucristo con toda nuestra vida. »

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