Ser hermana de la Presentación de María

Ser hermana de la Presentación de María

En la historia de Francia del siglo XVIII, cuando todos los antiguos monasterios estaban en ruinas, una  humilde  mujer, María Rivier, con sus cuatro compañeras, abrió una pequeña escuela en Thueyts en 1794. Desde el principio, María Rivier se propone consagrarse, junto con sus compañeras,  al servicio de la evangelización y a la práctica de la caridad. Sigue invitando a  mujeres a unirse a ella, «Juntémonos…».

 La Congregación de las Hermanas de la Presentación de María fue creada oficialmente el 21 de noviembre de 1796. María Rivier y sus cuatro primeras compañeras se consagraron a Dios, bajo el patrocinio de la Bienaventurada Virgen María, no sólo ellas, sino también la Congregación, sus alumnas, su casa y sus obras! (pág. 109 Mourret)

Las primeras hermanas de la Presentación de María fueron: María Rivier (Fundadora), Thérèse Chaudanson, Marie Eyraud, Jeanne Delubac y Martine Teston.

Somos Hermanas de la Presentación de María llamadas a vivir y realizar, en el corazón del mundo, nuestra misión de personas consagradas, tal como la Iglesia nos lo reconoce. Nuestra identidad evangélica se arraiga en dos misterios:  la Presentación de María en el Templo, misterio de la presencia de Dios y la Presentación de Jesús en el Templo, misterio de la oblación de Jesús y de su Madre María. (D3)

Viviendo estos dos misterios en nuestra vida cotidiana, reflejamos lo que Jesús y María vivieron tan intensamente: un espíritu de adoración, de ofrenda de sí mismos y de compasión.

 

 

Ser hermana de la Presentación de María...

es vivir un espíritu totalmente  interior,  fundamentado en el espíritu de Jesucristo. (C3) ¡Todo para Dios ! ¡Todo por su Santo Amor ! Esta es la expresión que encarna el sentido y la pertenencia de la vida de una Hermana de la Presentación de María en el mundo de hoy.

Ser hermana de la Presentación de María ...

es vivir en comunidad fraterna. Formamos una sola familia, poniéndolo todo en común, y no tenemos más que un solo corazón y una sola alma en Jesucristo. (C81)

Ser hermana de la Presentación de María...

es tener tal celo apostólico que no conoce fronteras, ni razas, ni pueblos.  Mientras haya un rincón en la tierra donde no se conozca y ame a Jesucristo,  las hijas de la Mujer Apóstol, no podrán descansar. (C109)

Ser hermana de la Presentación de María...

es vivir como María,  es decir en presencia de Dios.  En el templo de la Presentación, queremos vivir con María en presencia de Dios.  Estamos en el corazón del misterio del Templo, del misterio de la presencia de Dios.

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