Las epidemias en la historia de la Congregación

Las epidemias en la historia de la Congregación

 

¿Qué haría María Rivier ?

Las epidemias en la historia de las Hermanas

de la Presentación de María

III

Está bajando la plaga en Gréoux – Tulette se libera

Terrible plaga que se lleva en tan poco tiempo tantas personas

Hermanas privadas de los alumnos todo el tiempo que Dios quiera

 

Acogida en un alojamiento sano y agradable en el edificio del baneario

 Llevad vuestra cruz juntas – en los Sagrados Corazones de Jesús y de María

Prudencia, modestia, reflexión, hablad poco,

 Edificad a todos con vuestra actitud y la práctica de las virtudes

 ¡Sed felices!  

 

La epidemia ha ensanchado el corazón de nuestras hermanas y de nuestra querida Fundadora. Los intercambios de cartas eran frecuentes. María Rivier se regocijaba de los días sin infección y pedía la misericordia y la protección de Dios para todos. Con confianza audaz, pidió a las Hermanas que se apoyaran en la cruz de Jesucristo y contaran con la protección de la Virgen María. La Madre Rivier agradeció también a los amigos de las Hermanas que se ocuparon de ellas en las parroquias.

 Se han establecido protocolos sanitarios en la Congregación. Las compras en los mercados dominicales se limitaron a lo esencial y a lo necesario para el día. La comunidad sólo comía comida cocinada. Durante los desplazamientos, la cuarentena era obligatoria durante 7 días y el octavo día podían continuar su viaje. Evitaban detenerse o pasar por las ciudades y aldeas donde había una epidemia. María Rivier continuó sus viajes, las fundaciones de nuevas comunidades y las visitas a las Hermanas. Conocía bien las condiciones de vida de todas las comunidades. Bourg St-Andéol tenía menos casos que otras partes de la Región.

 

María Rivier desde St Julien a Sr Marie, Sr Célestine y a Sr Sophie en Bourg el 25 de sept. de 1835 :

            «Todos los detalles que me dan sobre nuestros enfermos y sobre todas las cosas, me hacen muy feliz. No me siento edificada por el poco celo de nuestras Hermanas de Mondragon, ya que son tan poco dedicadas a los enfermos.

 Esta es la última decisión, mi querida hija. Rigaud tiene que salir el lunes, para que no tengamos que quedarnos el domingo de camino en algún albergue. Partiremos de aquí el mismo día, lunes 5 de octubre; si no pudiera salir el lunes, al menos, por favor, el martes a más tardar.

En nuestras salidas, ya no pensamos en el cólera, nos abandonamos a la Providencia. Ojalá nos unamos pronto a vosotras. No obstante, denos noticias del cólera por Rigaud. ¿Es mejor pasar por la costa del Ródano o por Montelimar? » (Carta nº 192-3)

 

María Rivier desde St Julien a Sr María el 26 de septembre de 1835 :

«Abandonémonos, en el cólera como en todo lo demás, en los brazos de Dios. En cuanto termine mi trabajo, me pondré en camino; no me preocuparé del cólera. El cólera de las almas que encuentro por todas partes, como el de Largentière, y aquí de otro tipo, me cansa más que todas las enfermedades…

 Bendito sea Dios que las uvas les hagan bien a todas; coman muchas. ¡Oh! ¡Cuánto deseo encontrarles bien a todas! No tengan miedo del cólera; oren mucho; la Santísima Virgen nos preservará, yo tengo la firme  confianza, y también el cólera no me impedirá marcharme porque veo que aquí los resfriados y catarros me matarían. Sin embargo, mi resfriado va mejor: ¡Bendito sea Dios! » (Carta nº 171-3)!

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