LA HISTORIA DE UNA LLAMADA

“ Enamorarse de Dios es el mayor de todos los romances,
buscar a Dios la mayor de todas las aventuras
y encontrar a Dios la mayor realización humana."

San Agustin

 

 

Mi Historia De Vocación

Hermana Nely Gutierrez Olivera, pm

 

Soy la Hna. Nely, nací en Perú en el distrito Checca-Orccocca – Cusco, el Señor me regaló una familia sencilla, católica muy practicante y trabajadora, mis padres me enseñaron desde niña a participar y escuchar misa en la radio, durante mi infancia las eucaristías en mi pequeño pueblo eran sólo en la fiestas patronales: La Asunción de María, la Natividad de María, y la fiesta patronal de San Andrés. Después con la organización de las comunidades cristianas llegamos a tener un párroco. 

 

 

 

 

 

 

Desde 12 años empecé participar en la parroquia como animadora de las comunidades cristianas, participando en la preparación de los sacramentos y en el coro,  a la par con estas actividades participaba en mi comunidad campesina como miembro activo en en diferentes organizaciones.  Fue una etapa que me hizo muy feliz el estar en todas las actividades de la parroquia y compartir el Evangelio con los demás.

En esta etapa de mi vida recibí la invitación del párroco de mi pueblo el Padre Juan Marcos Vigroux, sacerdote francés amigo de las Hermanas de la Presentación de María, quien me dijo: “¿Te gustaría hacer una convivencia vocacional con las Hermanas de la Presentación, por un mes?”. Acepté la invitación sin conocer a las hermanas, sin saber nada sobre la Vida Consagrada.

A mi llegada a la Casa de las Hermanas de la Presentación de María, me acogieron con alegría, eran muy felices de vivir su vocación de consagradas, vivían con fervor su oración y compartir comunitario lo cual me cautivó.

Transcurrido un mes de convivencia solicité conocer más la Congregación y quedarme con ellas, porque desde que llegué me sentí como en casa.   Este tiempo más prolongado fue propicio para descubrir mi vocación consagrada en la Presentación de María.  Sé que Dios llama a quien quiere, cuando quiere y como quiere.  No fue fácil dejar mi familia, mi pueblo tan querido, el campo, el contacto con la naturaleza, la gente, mi misión en la Parroquia y la participación como miembro de la comunidad campesina en el pueblo.

El 31 de mayo del año 2008 ingresé al noviciado, tiempo de gracia y profundización, donde me enamoré de Jesús, de su vida y decidí entregarle mi corazón para siempre. Conocí a María nuestra Madre y Guardiana en su Presentación en el Templo, día tras día logré enraizarme en el Carisma, la espiritualidad de la Congregación, en el conocimiento de la vida de nuestra fundadora, y la misión para encarnar la vida de Jesucristo.

Pronuncié mis primeros votos el 30 de mayo del año 2010, todos estos años fui descubriendo el amor de Dios, que Él es la fuente y fundamento de mi vida y de mi misión: Todo por Dios, Todo por su santo Amor, lo absoluto de mi vida.

Hice mis votos perpetuos el 11 de febrero del 2017, con alegría y pasión y convencida de entregar mi vida definitivamente.

Pasé por varias misiones anunciando a Jesucristo, me formé profesionalmente como profesora de educación inicial. Ahora vivo en Huamanga. Trabajo con los niños y niñas más pequeños de 3 a 5 años, me fascina el contacto con ellos y el hacer conocer y amar a Jesucristo a través de la educación y en la catequesis. “Mientras que haya un rincón de la tierra que no sea amado y conocido Jesucristo las hijas de la mujer apóstol no podrán descansar” éste es el lema que me motiva a vivir con alegría y pasión mi vocación.

 

 

 

SAMUEL

1 Samuel (1 Samuel 3, 1-10)

 

Servía el niño Samuel a Yahveh a las órdenes de Elí; en aquel tiempo era rara la palabra de Yahveh, y no eran corrientes las visiones.  Cierto día, estaba Elí acostado en su habitación – sus ojos iban debilitándose y ya no podía ver no estaba aún apagada la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el Santuario de Yahveh, donde se encontraba el arca de Dios. Llamó Yahveh: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «¡Aquí estoy!»,  y corrió donde Elí diciendo: «¡Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero  Elí le contestó: «Yo no te he llamado; vuélvete a acostar.» El se fue y se acostó.  Volvió a llamar Yahveh: «¡Samuel!» Se levantó Samuel y se fue donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le respondió: «Yo no te he llamado, hijo mío, vuélvete a acostar.» Aún no conocía Samuel a Yahveh, pues no le había sido revelada la palabra de Yahveh.  Tercera vez llamó Yahveh a Samuel y él se levantó y se fue donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Comprendió entonces Elí que era Yahveh quien llamaba al niño,  y dijo a Samuel: «Vete y acuéstate, y si te llaman, dirás: Habla, Yahveh, que tu siervo escucha.» Samuel se fue y se acostó en su sitio. Vino Yahveh, se paró y llamó como las veces anteriores «Samuel, Samuel!» Respondió Samuel: «¡Habla, que tu siervo escucha.»

Desde temprana edad, Samuel ya estaba al servicio del sacerdote del templo Eli y así,  servir al Señor era una cosa natural para él. Sin embargo, cuando Dios lo ha llamado durante la noche, Samuel no reconoció la voz de Dios. Pensaba que era la voz del sacerdote Eli y fue pues hacia él.  Samuel necesitaba la ayuda de Eli para reconocer y responder a la voz de Dios.

La historia de Samuel es un buen ejemplo de persona que ya conoce las cosas de Dios, que ha crecido en una familia profundamente religiosa, que reza todos los días, que va a misa regularmente, que es voluntaria en una parroquia, que es miembro de grupos parroquiales, etc. Incluso si una persona es muy apegada a las cosas de Dios, también es posible, como Samuel, que no reconozca la voz de Dios que la llama a ser sacerdote o religioso. Como Samuel, la persona necesita de alguien para acompañarle. Hay personas que tienen todos los signos de una vocación a la vida religiosa, pero que no los reconocen. La meditación humana es necesaria para despertar la llamada en su corazón.

MATEO

Mateo 4, 18-20

Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y Jesús les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.  

Simón Pedro y su hermano Andrés eran hombres de experiencia. Han vivido según las leyes judías,  dominaban su oficio de pescadores para subvenir a las necesidades cotidianas de su familia.

La historia de Simón, en particular, no es inhabitual en nuestros días. Era un hombre totalmente absorbido por su vida cotidiana, cumpliendo sus deberes cotidianos ante Dios y la sociedad. Llevaba una vida tranquila y feliz. En nuestros días, mucha gente pueden identificarse con Simón antes de sentir que hay algo más que vivir para una vida aún más feliz. Muchos de entre nosotros han sido hombres y mujeres de experiencia – los que han trabajado en oficinas, fábricas, colegios, hospitales, han tenido un coche, dirigido la propia empresa y parecían tener una vida floreciente. 

El corazón de Simón está abierto a la invitación del Señor : «Sigueme.»¡ En esta palabra,  Simón Pedro ha sentido el poder y la fuerza para dejarlo todo y seguir al Señor! La invitación de Jesús a seguirle ha transformado su corazón en capaz de una generosidad total y de una voluntad de entrar en relación con su Maestro. La relación íntima se ha fortalecido y ha conducido a Simón Pedro a hacer al Señor la última pregunta de nuestra vida cristiana  : ¿ Señor, a quién iremos ?  Tú tienens palabras de vida eterna. (Juan 6, 68)

Hoy hay personas en el mundo que, a pesar de una carrera y de una vida de familia  satisfactorias, continúan  buscando más sentido a su vida. Solo Jesús, puede colmar el vacío del corazón humano. «Ven sigueme» ¡son palabras poderosas del Señor que es capaz de poner nuestras vidas al revés! «¡En seguida, dejaron las redes y siguieron a Jesús ! ”